16 Septiembre - Guido

"El concierto había terminado, el Imperial Hall se había llenado, y el director de actuaciones nos invitó a todos a cenar. La cosa se alargó un poco, pero en cuanto pudimos, nos largamos.
Íbamos de camino a Pressbaum, donde teníamos a varios amigos que conocimos hace dos años en una gira por Austria. Insistieron hasta la saciedad en que nos alojáramos allí y así lo hicimos. La West Autobahn estaba siendo reformada. Conducía yo y bueno, quizá llevaba dos copas de más. Sonaba la 5ª de Mahler en el pequeño A3. Entonces sucedió todo. Al atravesar un extraño cambio de rasante contemplamos cómo se aproximaba un coche por nuestro carril a escasos 20 metros. Sentí millones de emociones asfixiándome, presionando cada uno de los poros de mi piel, cada una de las partes de mi cuerpo, intentando escapar, intentando huir para poder sobrevivir. No vi pasar mi vida ante mis ojos, simplemente la contemplé a ella, acariciando su piano, haciéndolo sonar con esa magia que me arrancaba las lágrimas. Tiré del volante todo lo fuerte que pude. Cada segundo que pasaba era una pesadilla interminable, y el choque siguió su inexorable curso. Al instante todo se apagó, para siempre.

Desperté en un hospital con mandíbula, torso, pierna y mano derecha completamente vendados. El dolor era atroz y penetrante, cuchillos clavándose hasta los huesos. Apenas podía reconocer donde estaba. Sin embargo, en cuanto aquello que parecía un perchero pisó el umbral de la puerta, el relámpago del último recuerdo de lo sucedido sacudió mi turbia mente: Estábamos atrapados. Teníamos las ensangrentadas manos fuertemente entrelazadas. Ella me sujetaba con todas sus fuerzas mi única mano, la otra había quedado destrozada. Un gran trozo de metal le atravesaba el pecho  y un hilo de sangre le resbalaba por la comisura de la boca, entreviendo una mueca de cansancio y dolor insoportable. Sus ojos estaban anegados de lágrimas y, poco a poco, sangre y lágrimas se iban fundiendo.

- Gracias Guido... -susurró al límite de la agonía y el dolor mientras su voz se iba apagando… No podía aguantar un segundo más, confiaba en mis graves heridas. La acompañaría hasta nuestro infausto destino, traspasaríamos la barrera y seríamos felices, juntos.

Una placa de metal infinita de desplomó al instante sobre mi pecho. No podía respirar, ni pensar ni moverme, estaba completamente paralizado. Y vivo.

No tengo ganas de vivir. Mi turno ha acabado. Estoy deshecho por dentro. Todo se ha ha pasado al otro mundo, todo esta ya dispuesto, aquí solo quedan cenizas, la caja de resonancia de mis pensamientos, la funda de mi ser, los restos de lo que un día fui. Cada minuto que pasa es un infierno. El dolor físico no hace sino aliviar mi desolación. El sufrimiento me envuelve y apenas puedo controlar los temblores. Me inunda, me atrapa, me persigue, los minutos se hacen horas... apenas consigo dormir, cientos de miles de cuchillos muy afilados ardiendo, clavándose en cada poro de lo poco que quedó aquí de mi ser. Allí dentro es donde duele, mientras que el dolor físico alivia. La presión en el pecho me ahoga,  me corta la respiración, apenas puedo moverme, No puedo llorar, no puedo hablar, no puedo vivir. La felicidad ha sufrido el goce de un devastador pirómano, siendo reducida a polvo, inalcanzable para mi. No hay otra opción, mañana concluiré la macabra obra de las Moiras, ganándole el juego al propio Tanatos.

Esa misma noche me contó que vendrías a visitarnos, no pudo aguantarse más la sorpresa, sabía que tramaba algo, nunca supo mentirme... No soportaría que me vieras así, no soportaría verte… hoy me escaparé del hospital y me arrojaré por el puente. Cuando leas esta carta ya estaré con ella. Muchas gracias por todo, has sido, eres y serás impresionante, siempre te he adorado y siempre te adoraré. Has sido siempre uno de mis apoyos incondicionales, pero esto me ha superado, Tanatos ha ganado la batalla, la ganó hace días.
                                                                                                                                                                              Guido Schiavone"

He soñado que escribía esta carta a mi mejor amiga Iris… Me he levantado y he escrito todo lo que he recordado. Necesitaba dejarlo plasmado rápido. Pero supongo que me habré equivocado..  Es demasiado extraño para ser cierto.. me he levantado muy sobresaltado y medio nadando en un charco de sudor.

El sueño más raro que haya recordado nunca.. Supongo que será porque hoy tengo el examen de conducir.. Analicemos: en primer lugar,  además de ser mucho mayor, unos 30 y pico, yo me dedicaba a la música, ¡justo como soñaba de pequeño! Pero eso no es lo más inquietante.. ¡Ojala!.. además aparecía ella, la misteriosa chica de la cena, la de la discoteca.. Y parece que la amaba a más no poder.. No tiene ningún sentido, supongo que anoche estaría sensiblón, y mi subconsciente hizo el resto… aún con todo, eso no es lo mejor.. ¡Además tocaba el piano! ¿De donde habré sacado todo eso? Tengo que dejar de leer tanto...

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