"El concierto había terminado, el Imperial
Hall se había llenado, y el director de actuaciones nos invitó a todos a
cenar. La cosa se alargó un poco, pero en cuanto pudimos, nos largamos.
Íbamos de camino a Pressbaum, donde
teníamos a varios amigos que conocimos hace dos años en una gira por Austria.
Insistieron hasta la saciedad en que nos alojáramos allí y así lo hicimos. La West Autobahn estaba siendo reformada.
Conducía yo y bueno, quizá llevaba dos copas de más. Sonaba la 5ª de Mahler en
el pequeño A3. Entonces sucedió todo. Al atravesar un extraño cambio de rasante
contemplamos cómo se aproximaba un coche por nuestro carril a escasos 20
metros. Sentí millones de emociones asfixiándome, presionando cada uno de los
poros de mi piel, cada una de las partes de mi cuerpo, intentando escapar,
intentando huir para poder sobrevivir. No vi pasar mi vida ante mis ojos,
simplemente la contemplé a ella, acariciando su piano, haciéndolo sonar con esa
magia que me arrancaba las lágrimas. Tiré del volante todo lo fuerte que pude.
Cada segundo que pasaba era una pesadilla interminable, y el choque siguió su
inexorable curso. Al instante todo se apagó, para siempre.
- Gracias Guido... -susurró al límite de la agonía y el dolor mientras su voz se iba apagando… No podía aguantar un segundo más, confiaba en mis graves heridas. La acompañaría hasta nuestro infausto destino, traspasaríamos la barrera y seríamos felices, juntos.
Una placa de metal infinita de desplomó al instante sobre mi pecho. No podía respirar, ni pensar ni moverme, estaba completamente paralizado. Y vivo.
No tengo ganas de vivir. Mi turno ha acabado.
Estoy deshecho por dentro. Todo se ha ha pasado al otro mundo, todo
esta ya dispuesto, aquí solo quedan cenizas, la caja de resonancia de mis
pensamientos, la funda de mi ser, los restos de lo que un día fui. Cada minuto
que pasa es un infierno. El dolor físico no hace sino aliviar mi desolación. El
sufrimiento me envuelve y apenas puedo controlar los temblores. Me inunda, me
atrapa, me persigue, los minutos se hacen horas... apenas consigo dormir,
cientos de miles de cuchillos muy afilados ardiendo, clavándose en cada poro de
lo poco que quedó aquí de mi ser. Allí dentro es donde duele, mientras que el
dolor físico alivia. La presión en el pecho me ahoga, me corta la respiración, apenas puedo
moverme, No puedo llorar, no puedo hablar, no puedo vivir. La felicidad ha
sufrido el goce de un devastador pirómano, siendo reducida a polvo,
inalcanzable para mi. No hay otra opción, mañana concluiré la macabra obra de
las Moiras, ganándole el juego al propio Tanatos.
Esa misma noche me
contó que vendrías a visitarnos, no pudo aguantarse más la sorpresa, sabía que
tramaba algo, nunca supo mentirme... No soportaría que me vieras así, no
soportaría verte… hoy me escaparé del hospital y me arrojaré por el puente. Cuando leas esta
carta ya estaré con ella. Muchas gracias por todo, has sido, eres y serás
impresionante, siempre te he adorado y siempre te adoraré. Has sido siempre uno
de mis apoyos incondicionales, pero esto me ha superado, Tanatos ha ganado la
batalla, la ganó hace días.
Guido
Schiavone"
He soñado que escribía esta carta a mi mejor
amiga Iris… Me he levantado y he escrito todo lo que he recordado. Necesitaba
dejarlo plasmado rápido. Pero supongo que me habré equivocado.. Es demasiado extraño para ser cierto.. me he
levantado muy sobresaltado y medio nadando en un charco de sudor.
El sueño más raro que haya recordado nunca..
Supongo que será porque hoy tengo el examen de conducir.. Analicemos: en
primer lugar, además de ser mucho mayor,
unos 30 y pico, yo me dedicaba a la música, ¡justo como soñaba de pequeño! Pero
eso no es lo más inquietante.. ¡Ojala!.. además aparecía ella, la misteriosa
chica de la cena, la de la discoteca.. Y parece que la amaba a más no poder.. No
tiene ningún sentido, supongo que anoche estaría sensiblón, y mi subconsciente hizo el resto… aún con todo, eso no es lo mejor.. ¡Además tocaba el
piano! ¿De donde habré sacado todo eso? Tengo que dejar de leer tanto...






