9 Septiembre - Helena

(Helena)


He llegado a Valencia y ¿cómo no?, hacía sol espléndido a pesar de algo de humedad característica levantina. La residencia está a cinco minutos de la facultad y llena de novatos hablando de los veteranos y las probables novatadas. Cuando llegué a mi nuevo cuarto, soso, y apagado, deshice mi maleta y conocí a Joanna, la compañera de habitación que también irá a mi clase de medicina, y Pablo su ex. En el avión me dio por escribir otra vez, porque es automático; cojo un tren, un avión, un bus y me dan ganas de escribir aunque sea en las notas del Iphone. Es preferible, así la gente se piensa que estás como todo el mundo en el whatts y evitas que en el andén, el de al lado te mire raro o intente leer lo que escribes misteriosamente en una libreta. Intentaba ver por la ventanilla opaca y ovalada del avión pero al ser infructífero, inquieta, busqué primero un boli y papel pero el bolso era un pozo sin fondo y acabé optando por el "notes" del iPhone…


…”Con quince años te piden saber lo que quieres hacer con tu vida y pocos lo saben. Una de las principales y más importantes enseñanzas que se me han transmitido, es que crea en mis sueños. Hasta los diez años no entendí lo que quería decir y creo que nunca lo entenderé al 100%. Me acostaba intentando descifrar el sentido. Con solo cinco años pensaba que se refería a creer en los sueños que se tienen por la noche. Por eso, y por parecerme a la bella durmiente, forzaba el sueño hasta las doce del mediodía los sábados. Así crecía más centímetros y soñaba más en lo que poder "creer". Sería más alta y tendría más fe todo a una, solo con dormir.  Pasaron diez años y más o menos entendí el verdadero significado. Sin embargo, a los quince como he dicho, aun no sabía cuál de todos era "mi sueño". Me gustaba aprender, leer, las ciencias, la música, el baile, las letras...y no había cosa que me desinteresara. Sigue el bordado que hizo mi madre en mi tierna infancia enmarcado y colgado en mi habitación. Pone "Believe in your dreams". Dos angelitos de escayola pintada a mano con delicadeza por mi padre, amparan cada esquina superior del marco de este. Así...con paredes rosas y una frase inspiradora como tal, angelitos y una ventana arqueada... Así, con ese aire de dulce inocencia lleva el cuarto desde aquellos días, hasta día de hoy, que con diez y siete años lo dejo atrás en Lóndres. Volveré para navidad aunque tenga exámenes en enero.


Me despedí de mama y papa en la estación. Subí al avión y veía como mi madre lloraba, y mi padre tenía los ojos caídos. A veces se deciden cosas sin saber muy bien el porqué, pero tenían que ser. Por intuición. A veces hay que cerrar una puerta para abrir otras. Personas pragmáticas dicen que todo no se puede tener y que por eso hay que ponerse límites, escoger una sola meta. Otras que todo cuanto uno se propone es posible. Ante todo, creo que "no hay mal que por bien no venga", (como dice mi abuela). Luego, en ciertas ocasiones de retrospección me pregunto... ¿qué habría pasado si? Pero confió en que fué la mejor alternativa y no me arrepiento. 


Voy a estudiar los próximos años en la misma avenida en la que estudió mi madre, por lo que hoy para ambientarme, he recorrido sus jardines, disfrutando del paseo. Vamos trazando esa red de caminos que unos llaman destino. Si existe el susodicho o no, no estoy segura pero estoy empezando a tomar el rumbo de mi juventud. Trazando lineas libres. No tengo motivos para estar triste.”


Enviado desde mi iPhone

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