(Helena)
Esta tarde, a nada de marcharme de Lóndres, a mama le ha dado uno de sus ataques de ansiedad
o enfados de magnitud desorbitada. Me metí en mi cuarto asustada pero oía como
se rompían cosas. He visto que una de ellas es el cuadro abstracto que
más me gustaba de mi padre. Al final me quedare sin obras suyas que valgan.
Mama me mandó fuera de casa porque no respondía directamente a amenazas, pero como yo estaba en pijama, no podía irme
a ninguna parte así. Sus ojos estaban poseídos por ira, y no recuerdo que hice
mal. Ella puede ser lo más difícil pero también lo más bueno y
cariñoso de mi vida, porque quizás me quiere más de lo que yo puedo concebir. No he sido madre para sentir esa clase de amor el cual dicen que es de
los más fuertes; el que se tiene por los hijos. Seguramente le llevó a ese extremo la tensión de no querer que me marche; expresada inversamente, contradictoriamente. No me extrañaría
que se mudara a Valencia conmigo si pudiera. Tras 4 horas de tensión, y diez
minutos de derramamiento de mis lagrimas en solitario, impotentemente acurrucada
tras la puerta de mi armario (no puedo dejar que se me vea llorando), se calmó el
oleaje y ella quedó dormida. Me quedé algo débil... Se suponía que el día
de antes de empezar una gran etapa en la vida, de haber conseguido entrar en
medicina, de coger un avión...debía ser por lo menos de paz. No tenía fuerzas ni para pensar en escribir
una balada, ni de rozar las cuerdas de una guitarra española que tengo en el cuarto. Solo me puse a escribir de cualquier cosa.
...Tras mucho padecer vienen en compensación las alegrías infaliblemente, (aunque
muchas personas discrepen diciendo que la vida puede ser muy injusta y desequilibrada
en cuanto al reparto de la fortuna se concierne). Todos podemos ser afortunados
si lo buscamos, lo que ocurre es que en la mayoría de los casos, la búsqueda es
inconstante porque el camino es duro. Depende también de lo que uno considere ser afortunado, porque el amor por ejemplo, es lo que más nos enriquece y parece ser complicado, pero si se quiere
como quieren los niños, es sencillo.
Una
persona muy afortunada, de esas que tienen mucha suerte y no se sabe cómo, ha
de afinar mucho el oído y los sentidos realmente para percibir sus “alegrías”,
porque a veces está demasiado acostumbrado y lo que para otro seria la gloria,
para él es un tentempié que no sacia. Para poder agradecer nuestra fortuna (al
nivel que sea) solo hay que esforzarse un pelín por percibirla, porque está. Después,
pensar en cómo mantenerla a largo plazo.
Como en un ciclo vicioso, pasa igual cuando
uno, después de tener unos meses duros pasa a ser recompensado con celebración y fiestas. Entonces se puede olvidar la concepción del tiempo y atraído por la tentadora diversión,
entretenerse demasiado. Hay casos en que, tras muchas vanaglorias, como caen los héroes que pecan de excesiva confianza en si mismos, personas corrientes
caen como moscas. Por eso existen días duros
que te ponen a prueba; porque son los que al fin de al cabo definen valores de la persona. Uno
que no ha cultivado nada como la “cigarra” de la fábula, no va a tener nada cuando llegue ese día.
Uno que espera sentado a que le llegue fortuna, no puede ser feliz en
consecuencia. Habrá quien diga que si, que hay muchos vividores del cuento, pero son la minoría, así como también son minoría de la población los permanentemente/ verdaderamente desafortunados. Por eso demasiadas fiestas seguidas, tornan a personas en asnos, mientras que días duros, aunque parezcan injustos, sacan la virtud de lo que requiere superarlos.
Ya no queda nada para irme y empezar de cero. Dentro de 8 cogeré el avión y no puedo dormir.
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