Ayer fue la primera cena de clase. Realmente no me
esperaba tantísima afluencia.. La gente estaba muy motivada, con muchas ganas
de conocer gente nueva. La sensación fue muy agradable, podía percibir una
atmósfera de complicidad que me hacía sentir en casa. Es una sensación muy
difícil de describir, pero así era, como cuando hablas con un viejo amigo
después de varios años, sólo que nunca antes nos habíamos visto.
Cuando llegué ya habían varios grupitos de gente
conociéndose y presentándose, asique simplemente me lancé al grupo mas cercano
y comencé la ya rutinaria tanda de presentaciones. Como de costumbre, a los
pocos segundos había olvidado la mayoría de los nombres…
En el restaurante elegido (si es que se puede llamar restaurante) no tenían suficiente vajilla para afrontar la inmensa cantidad de estudiantes que irrumpían sucesivamente, asique nos encontramos con vasitos y tenedores de plástico. Inexplicablemente, tenían un excedente de cuchillos de metal, aunque casi merecía la pena que hubiesen sido de plástico... porque cortar... no cortaban. Supongo que sería para evitar asesinar al personal en caso de hambruna… sabían lo que hacían, sin duda.
En el restaurante elegido (si es que se puede llamar restaurante) no tenían suficiente vajilla para afrontar la inmensa cantidad de estudiantes que irrumpían sucesivamente, asique nos encontramos con vasitos y tenedores de plástico. Inexplicablemente, tenían un excedente de cuchillos de metal, aunque casi merecía la pena que hubiesen sido de plástico... porque cortar... no cortaban. Supongo que sería para evitar asesinar al personal en caso de hambruna… sabían lo que hacían, sin duda.
Ahora que lo pienso ojala solo hubiese sido eso..
Tardaron una hora en tomar nota, y otra hora y media en traer los primeros
platos, siendo, como no, el plato principal antes que el entrante. Aunque al
menos teníamos barra libre de infinitos vasos de sangría. Eso sí,
vacíos todos, porque a los 10 minutos de llegar, los más de 200 ávidos
estudiantes que por allí pululaban ya habían absorbido todo el elixir.
Después de la cena fuimos, como no, a una fiesta
privada de medicina. Tan privada tan privada, que había descuento
especial para los no-médicos. Así somos nosotros, más tontos que las
piedras. Eso sí, la fiesta estaba genial, ¡y la gente parecía educada y todo!
Una magnífica noche que acabó demasiado pronto.
Bueno.. esto no tiene mucha importancia pero...
hubo una chica que me llamó la atención. En la cena se sentó algo lejos de mí,
pero de vez en cuando notaba su mirada. Sin embargo, cuando me giraba estaba
distraída, riendo junto a sus compañeros de mesa, o escuchando atentamente
alguna historia. Me pareció raro, no recordaba habernos presentado, pero me
sonaba su cara. Ya en la discoteca era yo el que la buscaba para presentarme.
Sin embargo, cuando la vi, a lo lejos, ella me devolvió la mirada, y algo me
frenó en seco. No se el qué, ni cómo.
Es muy extraño, por lo general me considero una
persona extrovertida y social, pero en este caso es diferente. Creo que nunca
me había pasado antes, no tiene sentido… pero bah, no tiene importancia.
Lo más gracioso de todo esto es que el jueves
teníamos clase, quizá por eso la fiesta terminó demasiado pronto, a las 6
de la madrugada. Sea como fuere, mereció la pena. Esa tensión que se percibía
al entrar a clase había quedado completamente despedazada, y una cálida
atmósfera nos acunaba. Y nos acunaba porque todos estábamos como momias,
ausentes, alelados, o simplemente dormidos. Sólo volvíamos a los
neurotransmisores cuando algún que otro ronquido nos desvelaba. Y entonces era
cuando el catedrático arremetía con todo su ímpetu contra las prácticas de esta
índole:
“Ya veo que anoche pasasteis una dura noche en la
biblioteca... ¡Menos fiestas y más libros! Esto no es historia, ni filología,
ESTO ES MEDICINA! Estas navidades los reyes no os van a traer carbón… os
traerán UN SUSPENSO COMO UNA CATEDRAL! ¡Así que a estudiar!”.
Todo
finura él.. Eso si, de neurotransmisores sabe un rato… o igual no… ¡Quien sabe!

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